EL DESIERTO DE TUNEZ

La rebedia de la pobreza,

se revelaba ante lo usurpado,

piedras lanzadas desde el corazón,

apenas arañaron la gran  coraza.


Mi alma entiende,

la belleza su soledad requiere,

sobre las finas arenas,

la mirada rompe esencias.


La pobreza da lo que tiene,

para sobrevivir al mes que viene,

su cultura regala al extranjero,

que cada semana atrapa ese mundo.


Una limpia sonrisa,

se llevó lo poco que tenía,

no sobraba, ni dolía,

una buena causa veía.


Volvería, cada día, de mi vida.



Deja un comentario