CIMADEVILLA EN LA PIEL

Colores en el cielo, iluminan el horizonte, mientras miradas se pierden, tras aquel primer ¡boom!.

El blues suena lentamente, atrapa mi alma en cada nota, aliviando cada parte rota, del corazón en su lento latido.

Y mi lujo culinario, el cero rodea mi hambre, buscando el consentimiento, del fiel y serio camarero.

Mi mesa, una servilleta y una pluma, embellecen la tranquila luna, la soledad vestida de negro, mira, desde su recuerdo.

El primer bocado llega, el primer verso tatua, la canción acompaña, esa tranquilidad, abraza.

Sé que el día después, no cerraré los ojos,

mi piel seguirá allí, en la mesa, mirando, aquella foto.

 

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