TRAFICANTE DE VERSOS:CAPÍTULO VI

De repente, en la sala, entró un hombre de 1.95 de altura, delgado y con una mirada que reflejaba la profundidad del mar, su cuello dejaba dislumbrar un gran trisquel.
– Hola, me llamo Sarzón, sí, yo también tengo el don, descubierto y oculto desde hace unos años. He vivido clandestinamente vendiendo versos libres, como yo … hay mucha gente más.
El hombre que acababa de entrar, reflejaba una cara de preocupación, quizás porque la noche anterior había sido apresada una famosa editora clandestina, denunciada por una poeta aparentemente amiga, la cual había pactado con el mismo diablo de Rasoy, su amnistía. Este hecho, creaba la desconfianza entre los rebeldes.
– Está tarde, comenzó a hablar con cautela, habrá una pequeña reunión entre los poetas de esta ciudad, Churches, sería una buena idea, llevar a la guía que estábamos esperando, dirigiendo la mirada hacia la nueva llegada.
¡La guia!, ¿yo?, por un momento, pensé, que el hombre deliraba, o no ….

(MIO CAP.VI)

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