TRAFICANTE DE VERSOS:CAPÍTULO XII

Todas las semanas el chico de la bicicleta morada pasaba frente a su casa y dejaba en el suelo un ejemplar gratuito de » La Vérité entiére», Monmuji desde su juventud tenía la costumbre de ver los apartados de cultura, cada vez más escasos, debido al recorte de subvenciones. Un pequeño poema atrajo su curiosidad:

En la azotea de tu vientre,

aquellos labios besé,

con el deseo del amor,

rompí mi promesa sin pudor.

Firmado

El matemático.

2255211852017452220021451222520252020171125515512100204915141720041720501417.

Esa forma tan peculiar de firmar le hizo recordar la conversación días atrás con su amor y empezó mentalmente a traducir tanta cifra numérica.

TE ESPERO DETRÁS DEL TERCER ROBLE EN EL JARDÍN MORADO TE AMO.

Con la ilusión picando en su corazón, apuro el desayuno, cerró la prensa y el recuerdo de nuevo, apareció, como si nunca se hubiera marchado y se hubiera mantenido latente en el frío invierno que tanto tiempo había acompañado a su consentida soledad. El sentido común abrió torpemente sus ojos, ventanas del mundo que la vio nacer una tarde fría de Enero, ¿ por qué allí?. Un chico con la bicicleta morada le trajo el mensaje morado. ¿ Acaso era una señal?, alguien o algo le quería advertir de un futuro. No podía pensar más, se puso unos pantalones corriendo, una camiseta que su protectora le había entregado y un montón de dudas en su cartera, pero iba de nuevo a sentir las cenizas del amor, ¿para esparcirlas por el mundo o recogerlas?, sólo el tiempo sentenciaria ….

Deja un comentario