CIUDADELA

 

Suaves olas acunan el alma,

sonrisa y calma  arriban a la orilla,

besos que mojan raíces,

buscadores del renacer en suelos muertos.


Cielos que gritan a la vida,

creciendo entre espinas,

almas voladoras, surcando amapolas,

en algodón, así, resguardadas.


Calles en silencio,

gritos añorando,

vidas endosadas a las tormentas,

anheladoras de pasados.


El hambre paseando sus calles,

de manos de la pobreza,

buceando en el porvenir,

enmascarado tras cada derrota.


El cansancio asomando al rostro,

muchas horas azotando espaldas,

demasiada lucha invertida,

para convertir el ahora, en cenizas.


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