TRAFICANTE DE VERSOS.CAPÍTULO XIII.

Allí se encontraron de nuevo, como si el tiempo no hubiera pasado, y sus sentimientos renacieran de las cenizas que en su corazón dormitaban. Ellos nunca quisieron enamorarse, no decidieron sentir,ambos, rebeldes con causa y un don escondido en sus almas. Él sabía que había tenido que marcharse ya que disponía de otro don, sueños, pero sueños que en el transcurso del tiempo se volvían reales y sabía que ella era igual que él y disponía de ese don, aunque ella, entonces, lo ignorara. La noche en que decidió su marcha para reunirse con su familia que habían emprendido su viaje antes que él, había tenido un sueño, una dama que puede ver el futuro vestida de blanco intentaban tornarla negra, ella confiaba en quién no debía, esa imágen le había hablado y le indicó lo que tenía que buscar, y el lugar dónde hallar el gran libro versal, aquel que su sonido cantaba al recitarlo y traducía cada verso en un sueño real. Debía ir a buscar ese libro donde la pobreza se vuelve riqueza, el odio amor y la muerte vida, la única condición:

” No digas nada, a mi yo pasado, te seguiría y debe aún encontrar el trisquel perdido de las manos inocentes” …

Se miraron y comenzaron a hablar. Él conteniendo el aliento, afirmó, he vuelto a tí, tal cómo en el sueño me dijiste, he conseguido el libro versal, ¿ y tú?. Ella sonrió y afirmó, mira mi cuello, aquí está.

El libro versal tenía una forma similar al trisquel, ella quitó la pieza de su cuello y al apoyarlo sobre el libro, desprendió una luz y el gran libro abrió su alma …

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