CABEZA ALTA

Eleva su coraza cada mañana,

bien temprano lava sus legañas,

alimenta con mesura sus ganas,

ojeando las primeras nuevas.


Sale a la calle,

la necesidad de sustento,

le acompaña,

mientras su sueño, se resguarda.


No lo olvida,

ahí sigue,  

atesorado en la sombra,

en modo espera.


Dignamente,

comienza la jornada,

alimentando escasas deudas,

termina así, su esclavitud.


Cuando a la vida sale,

su labor empieza,

con sonrisa en boca,

arranca de nuevo el día.


El sueño,

toma el poder,

tiene 16 horas,

para revolcarse en su gozo.


Su libertad comienza,

cuando la ficha cae,

un nombre y una hora, se tatúan,

 en la memoria de una fría tarjeta.


Y la sonrisa asoma a esa cabeza alta.

 







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