LA CONFESIÓN

He batido los rápidos del corazón, succionando los tornados del cuerpo, bajando al Infierno de las dudas, sin contemplar los peros de aquella marea. Jugado con jeringuillas rozando mis talones, aprendiendo la lealtad de la pobreza y manteniendo la humildad a salvo. Tonteado con la falsa magia mostrada por maestros expertos en pócimas magistrales, muchos caídos en las cunetas del olvido. El cuerpo roto a la mitad ante la sonrisa de la paciencia, mientras las inocentes alas se crujían ante el mundo oculto a la niñez de mi mirada. He rozado la muerte y visto como arrancaban parte de mi corazón y aún, seguir latiendo. Llegado a los 40 con pocas lealtades, dagas y mentiras escupidas a mi piel, amor deseado y los cimientos bien anclados … me han intentado robar, sí, mi futuro, sin embargo, sobrevivo como serpiente mutando mi yo, resguardando el ego bajo las ramas del bosque. Como comprenderá, las palabras viperinas se desvanecen ante esta fortaleza forjada en la carencia. Llega un momento, sabe usted, en que te das cuenta en que no tienes el chichi para tonterías, entonces empiezas a disfrutar del raudo tiempo de la verdad. Que tenga un buen día.

La sotana se desvaneció, ya no había oraciones para tanta realidad.

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