TEMPRANO VUELO


Aquella tarde, 
vio su horizonte pasear y los ojos cruzar. 

El campo se juntó con el mar en el cielo azul de aquella ciudad.

Un segundo, fue suficiente, para mirar al deseo de frente.

No sabía quién era, no importaba quién fuera, sólo el instinto guiaba.

Lanzó su cuerpo al mar, nadó con la fuerza de aquel corazón.

El alma descansó un segundo,  ¡maldita roca!, cuando quiso su paso continuar, vio al amor volar lejos de aquella codicia.

Rápido y veloz huyó, lejos de la efímera máscara que sin querer un día encontró.

Sólo una vez buceó desnuda, como un bebé casi se ahogó, ella calló su amor bajo las alas del temprano vuelo.


(MIO DCLXXVII)

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