DOS CAFÉS

Conversaciones paralelas, escuchando tras el muro que separa las vidas siseantes, eludiendo la sabiduría bajo el suave susurro de la mañana, meciendo leonas sus melenas en busca de libertad resguardando en un cenicero las cenizas de lo vivido. La carta se lee en alta voz, la memoria sólo recuerda los abrazos a la cartera que hoy afloja sus riendas. Los 80 regresan con las melodías resbalando en aquel ambiente rememorado tras cada hablame, llámame, no preguntes quién soy. Un silbido se entremezcla con el ronroneo de la estrofa pérdida. Las tazas besan aquellos platos sostenes de sudores rellenos de cafeína, sin cafeína, teina y demás familia. Cuatro patas resbalan en el hielo asfáltico, mantienen el equilibrio y se convierten en razonables conviviendo así con lo irracional, leve quejido para hacer notar su presencia ante el gran mundo que le observaba. 

Un golpe y unos buenos días, 

de nuevo, 

marcan la presencia del nuevo paciente.

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