HUMILDAD ENTERRADA

Jadea en su delirio

un falso Mesías,

nobles orígenes tengo,

mi padre pintor

mi madre limpiaba,

mirándole a los ojos

el ser exclamó,

¡pués bien señorito saliste

que nunca trabajo conociste!,

lejos de enrojecer,

levantó más su ego,

humildad

se había perdido.

Y el atril

a su espalda

pesaba.

Deja un comentario