CRÓNICA DE UN POETA MUERTO

Una vez amé tu apariencia,

la escondida bajo prenda,

rebuscando bajo coraza,

sólo encontré costra

de lo que un día fuiste.

Cerré la puerta,

bajé las escaleras corriendo,

sólo espaldas de dudas,

protestaban bajo mi pausa,

y yo huyendo sin causa.

Llovía y las gotas no borraron

los errores de ti,

los acariciaban con ansía

como biberón de vida

agarrado a pecho sin latido.

Y conseguí irme,

darme, por fin, cuenta

de que siempre

quisiste mi marcha,

detrás de corazón cerrado

estaba invisible

aquella mísera noche,

cuando casi

derrote tu coraza.

Deja un comentario