DOS DE ENERO

El ladrido del parque, lamenta las niñez escondida en montañas de cemento.

Madres del lloro, ausentan manos, manchadas de grasa resbalan en el pasado.

Miradas ausentes buscan la precaución de vientres vacíos de esperanza, quizás buscan el calor que un día meció su voz.

La alegría mece su cuerpo en silencio, hoy los niños ya no gritan albedrío, sólo esbozan alegría rodada por ancianas manos.

Mi parque, ya no es lo que fue, bienestar se lo llevó empaquetado en una pequeña maleta con una pequeña etiqueta, apresado por la falta de tiempo en un reloj parado por carencia en bolsillo y corazón nublado.

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