PAYASO PERDIDO

Siento el laberinto, ceñirse al tronco de la vida, el corazón correteando por los pasillos, sintiendo el vértigo del alma.

Pasos tatuados en mi cabeza, revolotean el horizonte nublado, mientras aquella delicada llama, se esconde del pasado.

Las arrugas dejan paso a una puerta entreabierta, esperan que la juventud muestre, vejez prematura de un sueño errado.

Y la verdad, ¡poco importa!, resucitar aquel instante o morir en esos minutos cuando al día siguiente el telón cerró su mirada.

El circo abrió sus puertas y las palabras callaron al payaso perdido.

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