LA DOSIS

Recuerdo la ternura de aquellas manos al acariciar mi pelo, con la delicadeza de quién roza cristal y teme romper su alma. Aquella incertidumbre de no saber dónde ir, mientras los pies corrían como si ellos lo supieran.

Cierro los ojos y aún percibo el frío sobre mi corazón desnudo, temblando buscaba calor que cobijara temor. Me deslizó colina abajo sobre el saco pensando cómo frenar al llegar al precipicio de la carretera, no existía miedo, absorbía una dosis de libertad.

Hoy busco con la misma ansia, esa dosis, recorriendo toda la sangre de mis venas, zambulléndose adrenalina en cada respiración, sintiendo la vida formar parte de mi.

Que le voy a hacer, soy una yonkye de la vida, y de sus escasas dosis de libertad.

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