DUDANDO DE EXISTIR

Adopta la misma posición que antaño, de espaldas al retrato rodeado de miles de razones, sólo importan cuatro. Apaga la puñetera televisión, pensando que nunca debió ser conectada. Observa las nubes que corren frente a ella, huyen despavoridas perseguidas por la tierna luna. Cree que el último tren descarriló y ya no existen fuerzas para correr a coger el próximo ni ganas de visitar su estación, el alma está cansada y agotada de tanto apurar, asume la derrota con la cabeza bien alta. La tranquilidad, fiel compañera nunca abandonará su cama, se montará en la pequeña mochila y cabalgara a la vejez con la muerte en sus tacones. La verdad, ¡que escena tornando terrible!, esas mariposas fieras devoraron las señales que mostraban que el camino de las vías estaban rotas. Entonces el revisor, en aquella pesadilla, le pide el billete y se ha dado cuenta de que estaba en el tren equivocado. Y que me decís de aquella ropa que dejó de poner porque ya no le apetecía y que guarda en su maleta. Y qué carajo escribe, donde está la musa exclama la escribiente, dónde fue la libertad, la expectativa, dónde … narices estoy.

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