AL BORDE

Vivo en la carcasa del mundo que conocí, desespero la huída de los rastros de migas, caminos seguros resultan casi letales, mientras la coraza se va rompiendo poco a poco, desbordando la podredumbre de sus entrañas.

Aveces resulta difícil encontrar la dulzura de aquellos ojos entre tantas trampas tejidas por manos humanas.

La tentación de esconder como antaño, cada poro de piel arrugada y moribunda ante el oculto cielo que otra vez perturba su pureza por vanidad humana.

Empiezo a creer que quizás mi sitio se encuentre en lo desconocido ahí donde lo irracional resulta coherente, y el mundo no duele tanto en cada respiración lanzada a un corazón.

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