ENTENDER

Tuve que verla llorar, para entender, no le quedaba otra opción, estaba atrapada entre la ola y la orilla, amaba a ambas por igual.

La ola le daba libertad y la orilla donde cabeza reposar, cuando por un instante dejaba a la roca de abrazar.

Tuve que verla llorar a moco tendido, para entender que la orilla sólo quería la espuma de sus olas y que el amor prometido se perdía en la avaricia del deseo.

Tuve que verla reír, cuando entendió que su vida valía mucho más que esa orilla pérdida y que cada día estaba más cerca de dar la libertad a unas alas atrapadas en la olas que rompían.

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