TODO

Cuando sintió que la luz podía rozar su piel de nuevo, se alejó tan rápido como la relatividad de un tal Einstein, con rebeldes pelos alborotados y con las ganas de volar en collares imaginarios.

Caminó tan rauda como los dedos de un teclado con el tiempo contado. Y la viste, claro que la viste, justo cuando aquel rayo rozó tu corazón, fue un instante, sólo un instante, pero tan placentero en tu imaginación.

Ahora que la perdiste, lloras por las esquinas, sólo un instante, un mísero instante y todo, todo lo hubieras tenido y sin embargo todo, todo está perdido.

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