Aveces me descubro esperándote en cualquier recodo escondido. Me siento, escuchó las persianas despertar, los pájaros cantar y el silencio reinar. Miro al cielo, observo muchas dudas volar, en cada aleteo se dejan virar. Acaso no existe la seguridad más que de una muerte sigilosa acercándose. Quizás de eso se trata, de vivir al precipicio lo que quede. Y ellxs siguen en libertad bailando sobre la cima del mundo que rompe cada mañana su rumbo. Mientras mis pensamientos regresan a su vuelo, miles de ellos, recomendados a ser olvidados, frenando la presura de sus dientes y escalando sobre su futuro sin arneses de seguridad. La danza cesa, lxs destructores abren sus ojos, las alas se esconden entre la maleza, esperando a la tarde igual que yo, en algún lugar de esta ciudad, la misma que un día nos vio soñar.

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