MUERTE NO ANUNCIADA

La cogí entre mis manos, la acaricie con el deseo de la vida, mis ojos lloraban al observar el mundo que la veía morir, rodeada de destrucción ella me dio su pequeña flor, como si la ansia se resguardara en su vientre oculto a la mirada y decidiera volver algún día volando entre miles de pétalos. Aún mi alma llora, al sentirla así, tirada y abandonada a merced de los depredadores de almas, esos que no pican a tu puerta, antes de entrar.

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