DÉJAME VOLAR

Una libélula revolotea mi cabeza, la estrella que nos contempla tirita de emoción al ver la vida danzar en la oscuridad. Mientras el planeta más lejano muestra su cercanía, como pequeños detalles que hacen del amor plena sintonía. Quince mil galaxias abrazan la luna observadora, tantas veces en Celestina convertida, tantas envidiada. Mas atrás el monte se esconde muy prudente a medias de adornar sin las hojas de su abrigo. Los pájaros despiertos, sus picos en el río han mojado, justo cuando mis pies se han zambullido dormitados en la orilla que ahora recuerdan. Los pinares se mecen abrazando al cometa que vuela en busca de ausentes piñas. Y en el susurro del silencio, oigo que aún te preguntas que hubiera pasado si no hubieras cerrado esa puerta y te hubieras colado en mi barco. Cierra los ojos y léeme, ¿verdad que no puedes?, eso fue exactamente lo que tus párpados hicieron, cegar el amor que ahora mismo de mi cuerpo se desprende.

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