TINTA ROJA

Nunca me lo perdonó,

esperaba de mí

lo que el mundo

guiaba,

salté sobre sus novelas rosas,

las pisotee,

me las comí

y las vomité,

envueltas

en delicada tela,

aquella

que él amaba.

Me revolqué

sobre sus palabras,

aplastándolas,

una a una,

para olvidar

como cada una de ellas

por mis orejas entraban.

Fue lo único que entró,

mande sus palabras,

sus mentiras

y consejos,

al cubo de la basura.

Lo reconocerás

porque desde entonces

su poesía muerta

ondea a media asta,

delito … jugar sucio,

competencia desleal,

prejuicio ocasional,

O simplemente

miedo.

Sabía que podía,

y pude,

muchas pueden,

pudieron

y podrán.

Ninguna escribió rosa.

Su tinta era roja.

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