EL ROBO

Diluvia en mi poesía,

la frialdad recorre la espalda,

naranja toma cielo,

y las uvas tornan acidez

devorando entrañas.

Me dejo arrastrar

hacia la lluvia,

mientras la niñez

se deja recordar

bajo frialdad,

saltando en aquel charco.

No hay reflejo

de lo que fui,

se ha perdido

en el chapoteo.

Sin embargo,

no sé cómo ni cuándo,

el mundo regresó a mi,

y me devolvió

lo que para otros

era erróneo.

La vida.

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