ADOLESCENTE

La bestia se escondía

tras buenas palabras,

acorraladada

lanzaba garras

al aire que acosaba.

Cerró los ojos

y respiro con suavidad,

mientras el tiempo

enseñaba las muescas

de una realidad.

El genio caía

tras cada alarido,

sacaba su Yang

en agazapada espalda.

Se ponía a la altura

de una juventud rabiada,

que veía como su furia

sin miedo arrasaba.

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