VIRUS DEL EGOÍSMO

Aveces llegan decepciones, de las peores, de las que huelen a traición y se esconden en besos dados al aire donde un día creíste tener mejillas.

El corazón se rompe en lágrimas de silencio, caen una a una por el reflejo de lo que un día creíste que eran.

Pero entonces, regresas a aquel lugar donde sabes que el tiempo huele a amor y que nadie puede perturbar con la gris toxicidad del egoísmo.

Te acurrucas en la misma manta, la que un día escuchaba historias cotidianas hechas aventuras en los labios repletos de simplicidad, sientes el calor entrar de nuevo en tu pecho.

Algo diferente te recuerda quién eres y sana con una sonrisa cada pequeña herida que el virus no ha podido aún atrapar.

Todo es perfecto, hasta me atrevería casi a decir que esto … se parece quizás a la tan recordada felicidad.

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