LA SUPERVIVENCIA DE LA LLAMA

Sus manos se deslizaban

sobre su cuerpo,

como si supiera

poros de cuerda,

cada cicatriz de voz.

Narraba a través

de su eco

muertos regresando,

poder controlando

y amor abandonado.

Destilaba la vida

en una copa de coñac

bajo son latino,

¡Ay mi gitana

dónde te encontrarás! ,

cruz de navaja

atravesando espalda.

Y la eterna musa,

escondida

en los brazos de otro,

cobardía bajo mirada.

Esa llama encendida,

poco a poco diluyendo

miles de versos ocultos,

póstuma ‘vergüenza’.

Leonard definitivamente

no debiste esconderlo

baja la frivolidad

del agazapar

hasta asegurarte

que el Nobel

cayera en otros versos.

Pensaste,

maestría sobrevive

al maestro,

olvidaste

el maestro

sobrevive en su obra.

Con métrica, sin ella,

rítmica o arritmica,

siempre latiendo

por encima

de migajas de laureles.

¡ Larga vida a la poesía !.

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