El día que te vi sangrar…

Te vi sangrando ante mí,

poco a poco caían gotas,

sintiendo alma escapar.

Puse una nube en tu memoria,

para que aquella herida

dejara de supurar

ríos olvidados.

Te miré como la niña

que siempre espera,

desnuda mirada

sintiendo el retorno

de nueva frialdad.

Inmóvil ante la esperanza,

de sentir el vestido

de una eternidad,

aún a sabiendas

de que la mía

jamás verías.

Busque en aquel bolsillo vacío,

corrí a tus brazos,

para recoger aquel instante

en el cajón del recuerdo.

Poco de fiar esta memoria,

si a veces olvida historia,

mejor empujar la niebla

y tapar con amor el dolor.

Quizás aún quede tiempo

de ver luz brillar,

antes de que su alma

decida renunciar.

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