Diferente amanecer.

Estoy cansada de ver tantas pelotas darse en la espalda, rodearse de sirenas que les salvan apuro y ver como las ocultan en el silencio.

Tengo los ovarios calientes de tanta estupidez que camina con el ego subido por vender su alma y pasar el testigo.

Tengo la paciencia rota, de ver como sientan en banquillo siempre a la que ellos consideran débil de nacimiento.

Una alma hervida por ver falta de lindeza y vender sus palabras bajo cualquier papel.

Tengo el ‘chichi’ calentado de tanta, tanta, gilipollez enfrascada en falsa sensatez.

Les miro y sólo veo ocaso, el amanecer comienza y esta vez… con nombre de mujer.

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