La inteligencia de un microsegundo

Debió vaciar el tiempo en la horas, para amanecer entre los abrazos de los segundos. Sin embargo, rompió el reloj pensando que así tendría tiempo para completar aquel verso, herido de muerte se coló entre los microsegundos, despistados, veloces recorrían su mundo. El reloj continuó roto y la luna girando veía como aquellos pequeños, solos, no podían arreglar crujido. Necesitaban unirse en un gran macrosegundo, girar en sentido contrario, dar marcha atrás y llegar al delicado instante en que dejó de tener tiempo. Así, arregló su reloj decidió calmar su prisa con un delicado tic tac, tic tac, tic tac. Mientras aquel mundo seguía acelerando, él con su reloj iba caminando, correr había roto su vida y esta vez… quería vivirla.

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