Desprendiendo los años

Nada aprendiste de la luna, cuando sigues mirando al suelo.

Nada te dijo su luz, cuando caminabas por el Infierno directo a las llamas.

Nada dedujiste de su calor correteando entre las astillas desnudas.

Sigues caminando igual, sin darte cuenta que el camino es desigual y que no merece su descanso etiqueta en la cuneta.

¡Qué no te enteras! , que existen caleyas que no necesitan bastón y bastones que carecen de huellas.

¿Acaso no ves las luces de las luciérnagas?, ellas lo saben y sobrevuelan sin cortar el vuelo en libertad a la luz de unos ojos en la oscuridad.

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