Mundana nocturnidad

Las babosas reptan por la tierra, dejando huellas en cada esquina, fracasadas en la oscuridad sin apenas neuronas vivas, simulando seres perdidos. Ofensa única herramienta, disponible en los restos que se arrastran, quieren mostrar al primer caracol que recorra rastro putrefacto, someter y mostrar gran fuerza decadente disfrazada de eterno Carnaval, todo el año en fugaz expiración. Mundanos títeres con caretas de sabiduría, ocultas tras la última droga resguardadas en viejas y pequeñas mochilas. Tristes restos de naufragios sin puerto, en destino conocido y con la boca llena de orgánicos por no saber colarse en alguna alcoba con cabeza. Pobres cornudos del verde silencio, tras el albedrío del alegre desvarío, cantan una historia que ni el viento de sus ventosidades se la cree. Estrellas sin brillo en cielos caídos, no sorprenden al premio Polar de los ausentes aplausos, la amistad también se cansa de la hipocresía, siempre lleva su casa a cuestas.

Durante años pasaba por aquella calle y siempre estaba habitada por ellxs, alérgicxs a la vida. Es una percepción de esta poeta de una visual convertida en escaparate de una sociedad.

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