Guía

Ella me enseñó a luchar, aunque las lágrimas se cayeran de mi bolsillo, rozando crueldad al levantar mi día.

Ella no tuvo oportunidad y atrapada en la telaraña me la ofreció en cada caminar.

Ella lleva roto su cuerpo y continúa tirando de los años a su espalda como si en ella la edad no hiciera mecha.

Ella se adapta a los tiempos y busca entendimiento entre las páginas de su libro siempre abierto.

Ella la verás con la sonrisa tranquila en los bancos de la vejez con preocupación de lo parido en cada amanecer.

Ella vivió el hambre y ve el mundo al revés y no sabe por qué.

Yo le explico que el espejo nunca mostró todo el reflejo y parte se perdió en el silencio.

Todo el mundo tiene derecho a velar sus muertos y que la herida es tan profunda que una y otra vez se abre y sangra recuerdo.

Ella me mira, me da la razón, empieza a entender el eje de rotación de la tierra que pisa.

Sus pies tocan suelo.

A ti que todo lo diste cuando nada tenias, que caminaste el camino lleno de piedras con dos losas en pecho y alma. A ti que me diste la vida cuando ya nadie esperaba. A ti que siempre estás.

Madre, te amo.

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