Devorador

Aveces piensa sucumbir al rabino de la manada y someter lo que resta de ella al devorador de hombres.

Mira fauces rebosando opulencia, descendiendo por las encías detrás de rancia saliva.

Flirteo de corazones a una carta, acabó con él y ahora sólo vale lo que abunda en su cartera.

Un día decidió saciar lo que con tanto no podía comprar, llamó deseo cuando quería decir destrucción, llamó amor cuando era posesión y cuando quiso pronunciar Libertad puso etiqueta con precio.

Ahora sólo es aullido en la lejanía, la gata lanzó zarpazo.

Ella decide caminar en sentido opuesto, vigila espalda. Sabe que nunca le perdonará y buscará el camino de regreso a su carne.

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