La puerta

Revientan los tiempos, regresan las risas a la puerta de la juventud, invencibles al reloj, sienten el poder dentro de ellos, capaces de volar con la O del canuto, como si ancestros no supieran liarse uno de esos, humos de risa para no recordar lo que les espera de lunes a sábado.

Quemamos las calles antes que ellos, cerrábamos las noches con nuestros devaneos para acabar en Cimadevilla entre prostitutas y marineros sin puerto.

Nosotras bebimos el mundo en cada sorbo de fin de semana, como si no fuera a existir uno más.

Lo hicimos si, hasta acariciar las nubes con sólo un salto sobre el precipicio de unos labios.

No sé lo creían que esta coraza hubiera encendido el mechero al sábado para fumarselo en Domingo, y arrastrar su resaca al Lunes, a esos Lunes en que las historias de los días quemados eran el tema del recreo de un Instituto rígido recién estrenado en la igualdad.

Ahora miran desde la puerta, escondiendo lo que nosotras contamos a gritos … ¿te acuerdas? aún quedan cenizas de aquella calle donde decidimos crecer.

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