Aguja

Ojos se cierran, cansados de oír letras que buscan entre paja la aguja con la que su hilo hilar.

Con el coser de la eternidad, llega el suspiro entre almohadas de seda ya roídas por los dedos arrugados de los silencios.

Otro día a la papelera, un día robado por avaricia de quién nunca podrá buscar la aguja porque la veleta ya no convence al viento menos exigente, que ya vuela en otra dirección.

Y si la aguja se queda ahí escondida entre cada hilo de sol, es porque no quiere ser encontrada y colocada en perfecto orden junto a demás alfileres.

Ella nació para vivir en libertad y no para abrazar corazones de cebada presurosos por sentir entre miles de espigas el suave palpitar de hilo con el cobre de una tibia mirada.

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