Microrrelato: Sol y niña

El día comenzaba con un prematuro despertar, las mariposas desayunaban en su estómago, mientras ella quitaba importancia a aquella improvisada lavadora de sus entrañas. El primer bocado se adentró en su boca y tartamudeaba entre las sílabas que salían de su garganta, un hilo de voz respondió ¡no quiero más, no tengo hambre!. La madre la miraba y comprendiendo lo que le sucedía a esta pequeña heroína, calmó con pocas palabras, no pasa nada, el hambre volverá. A la comida nada mejoró, la soleada tarde se aproximaba y ella emocionada preparaba mentalmente todo lo aprendido hora a hora en ese curso.
Llegó el momento, era la hora de mostrar a sus compañeros y compañeras que tantas horas ausentes de juegos iban a ser recompensadas ante las pequeñas miradas. Su entrenadora llegó y les mostró donde iban a hacer la exhibición, había una gran alfombra que cubría el ardiente suelo. Es ahí, les indicó la maestra, el gentío se agolpaba sobre el reducido escenario y ocurrió… el pánico se apoderó de sus latidos con la fuerza de miles de tormentas, creía que su corazón iba a estallar delante de tanto albedrío.
El silencio se hizo y las piernas comenzaron a flojear, el silencio es peor… pensó la niña. Miro al cielo y pensó ¡no tengo gafas de sol!, ¡que absurdo, se me caerían!.
Era el momento y salió con sus amarillas mazas al soleado escenario, el asfalto ardía de emoción y los aplausos animaban el comienzo del baile. La música sonó entre los ecos de los edificios. Un giro, gacela y lanza las mazas al aire, mientras descendían las manos las buscaban entre el sol, el muy ladrón se quería con derecho a arrebatarlas de pequeñas manos.¡ Ey damelas!, y las juguetonas estelas lanzaron las mazas a las manos de la pequeña bailarina cayendo al suelo. Ella con tristeza en su mirada las vio caer como las gotas de lluvia cuando empiezan a caer, despacio como a cámara lenta. Las recogió y siguió. Durante cinco minutos ante el público presente hubo una guerra entre el Sol y la pequeña, siempre ganaba Sol … o eso creía …
Ella una y otra vez, se agachaba y las recogía con la delicadeza de su sonrisa. Aquellos eternos cinco minutos, le dieron una dura lección de vida: cuando todo va mal, levantarse y seguir hacia adelante es el mejor premio que un deporte puede ofrecer, años después ella utilizaría ese aprendizaje en el camino de la vida.

Este microrrelato fue presentado por petición de mi pequeña en su colegio. Espero que os guste. Por cierto, me llevé su sonrisa, ese es el mejor premio que puede esperar una madre.

Temática: El deporte.

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