Aquella música

Aquel tiempo en que los tejados hablaban de nosotros y los tendederos no estaban prohibidos porque el barrio los necesitaba.

Escuchábamos a tope la música y cerrábamos la puerta para que nadie … nos oyera.

Ilusionismo creer que el mundo está a nuestros pies, que sólo nosotros sentimos el fuego arrasar alma y si corazón latía con fuerza, era el entusiasmo corriendo por las venas.

Quisimos evaporarnos y volar sobre los tejados tan cerca de ellos que los rozábamos con las manos para sentir el suelo cerca, por si acaso.

Aquellos tiempos nunca volverán, los tejados siguen ahí, la música sigue alta, la puerta abierta.

Ya no hay nada que esconder ni miedo a tocar con nuestras manos otro amanecer.

Seguimos volando con alas rotas, con miradas ausentes y dejando que las tejas se descoloquen de vez en cuando, para regresar a aquel instante

y sentir la vida,

de nuevo .

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