Carta desde la oscuridad

Amor mío, si acaso tuviera el valor de abrir tu ventana y escucharas mi voz, si fuera capaz de escribirte esta carta y que sin sello supieras.

Si pudiera recobrar la sonrisa cuando sobre aquella mesa preguntabas, y yo hubiera tenido la paciencia de no haberte arrinconado con mi cuerpo.

No supe ver las señales que me decían que no amabas, que sólo podías amar la expectativa del pasado, que nunca más abrazarias mis labios con la acaricia de tus manos.

No puedo dejar de pensarte y busco las arañas sobre mi piel que devoran el tiempo y los sueños, para no recordar qué narices hice mal.

Dicen que me he vuelto arisca y que mi voz corta como el filo de una navaja, cómo decirles que cada día muero un poco más en el borde de su brillo.

Que cuando cae la noche recuerdo la lluvia bajo los faros de la oscuridad y te veo entre miles de cuerpos traslúcidos, las miradas flotan por encima de ellos juntándose sin que nadie nos vea.

Abandono mi pena, me coloco la coraza y vuelo miles de kilómetros lejos de aquel lugar, donde un día la noche nos vio rimar.

Con amor, sí, aunque tú no te enteraras de que el cielo en ese momento, nos abrazaba.

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