Árbol

Me pides que escriba un poema, que explique en él como me siento, dispongo de tiempo para ello.

Saco mi pluma, la envuelvo entre miles de palabras y le pongo lazo negro, símbolo de lo que fue.

Siento el calor atravesar mi ventana, pero la espalda que sostiene mi cuerpo no siente su calor, se deja engullir por el colchón del sentir.

Mantuve el cuerpo sobre la pila de madera, observé el equilibrio de una mirada balanceándose sobre la mesa.

Buscaba calor donde nadie podía darlo, hasta el sol se ocultaba tras aquella buhardilla abandonada.

Debía decir cómo me sentía, cómo explicar que el holocausto de mi alma se eleva cada mañana por encima de las dagas de sus tejados.

Sin rodeos, dilo ya, levanté los maderos roídos por las termitas y con torpe voz los abandoné a su deriva, aquel puerto no me quería y el frío era tan gélido que recordé aquellos Inviernos escondida tras su puerta.

Subí la montaña y dejé caer mi árbol, mojaba la lluvia aquellas hojas secando mis ramas con el objetivo de una mirada.

Calmé mi tristeza entre imágenes y palabras, avancé de nuevo el camino apartándola.

Así me sentí, árbol levantando raíces para plantarlas donde el mundo no las viera.

Aquí tienes tu poema.

El árbol, sigue allí.

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