Errante

Amor está muerto,

enterrado

en miles de baldosas,

fallecido

tras cada muerte

al latido.

Así siente regreso,

desfilando entre las fauces

de un lobo hambriento,

cuchilleando

los vientos a las espaldas

del grandioso sol.

Vacío se quedó tanto querer,

en la distancia

las lágrimas empujaron

los argayos de su piel.

Te ha sustituido

por amor de plástico,

reutilizable, ecológico

y silencioso, como él.

Ha cambiado sus instantes

por borradores de manuales

sólo aptos

para corazones rotos.

Aquella niña

perdió su sonrisa,

la vitalidad de sobrevivir

escondida entre monstruos.

Los arcos iris se esconden

entre los callejones

de sus mentiras,

prometiendo eternidades

caducadas de esperanza.

Le mandaste a sus colmillos,

y entre cada uno de ellos

se hizo un columpio

para disfrutar de la destrucción

desde el palco de los susurros,

asesores del corazón.

Esos que te condenan

a vagar repleto

de humo y cenizas,

entre la inmensa niebla.

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