Bichos

Abandono los cimientos de aquella estructura, demasiada magnitud para pobres manos, la dejo brillando en su mundo ideado para proteger las raíces putrefactas de los pilares.

Me alejo con el viento donde la libertad se paga bien cara y la precariedad del ser tiene precio, aunque no valga dinero.

Sin horarios ni bastón, retomo la búsqueda de la completa felicidad y la encuentro en pequeños placeres , muchos donde nadie los entiende.

No los comparto, entiendalo usted, cuando se comparte sin deseo de devolución acabas siendo tratada como bicho raro y no es que me importe, adoro lo raro, es simplemente que ser bicho aveces resulta escabroso.

Y acaba etiquetado como producto intenso, así de sopetón a cara descubierta y sin modo de defensa más que el conocimiento de quién conoce que escala paredes y se deja observar cuando cae el sol sintiendo paz interior.

Para colocar etiqueta hay que saber precio, y existen bichos sin precio ni bagaje que caminan por el mundo sin mover sus pies de la escalada madurez.

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