Mujer y pez

Se caen estatuas, coches pasan y pitan, ¡ey nena cómo tú aquí!, su eco se desvanece entre estúpidas palabras.

No pidió que sonara timbre, ni que le ascendieran a su escaparate, hay cosas que nunca se podrán exponer.

Tampoco que frenaran paso, ni que miraran de lado mientras colibrí feliz iba volando, distraída en otros menesteres.

¿Acaso su ego nubla pensamiento? ¿y quizás el juego del amor es excusa para maltratar con palabras aves errantes?.

Meta pitufos entre chisteras y camine hacia la nada, quizás será mejor silbar a una calavera y decirle que adora su comportamiento pasivo, y juntos jueguen a las cartas en ataúdes de aburrimiento.

Si.

Hágalo.

Y deje vida tranquila, no simule preocupación a terceros. Ni siquiera le escuchan.

Adiós.

Vaya a pitar a su rincón, quizás el ruido no moleste, y cuando pueda vaya a un psicólogo a ver si le aclara de una vez, la diferencia entre una mujer y un pez.

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