Lo que nunca será

Cuando las estrellas duermen, miro la luna desde el sueño e intento recordar el brillo de su noria.

Me he dado cuenta de que empiezo a olvidar y que ese olvido se deshace en miles de instantes cuyos nombres escapan.

Saboreando esencia para asociar cada partícula de huella, atrasada en cada llegada, siempre con reloj en mano.

Escribo sin dejar paso al sentido, cerrándole cada posibilidad de moldear realidad, se desvanece por la planta del acantilado como si el ascensor supiera donde embarrancar cuerpo.

Y sigo aquí viendo como mi mano danza sin mis pies y como mis pies buscan manos.

Se cierra mi ventana, el calor está dentro, fuera en este mundo la frialdad es inmensa y sudan gélidos recuerdos, allá donde todo puede suceder y nunca sucede nada, es precisamente donde la vida se estanca.

Azar me atrapa una y otra vez, mientras las dagas de mis uñas se pierden entre el alfabeto de un teclado caprichoso que solo sabe pronunciar el nombre de lo que nunca será.

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