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Hoy he empezado a escribirte, librando esta soledad de las esposas heridas, recibirás mis palabras cuando el tiempo cese murmullo y la calma asome a tu ventana.

No dudes que te escribiré, salvaré con la tinta tristeza de una mañana surcando el mediodía de la cuneta de una sonrisa, así sin más, como amanece el nuevo día.

Te dije que no dejaría que la noche atrapara tu alma, que el sol te iluminaria ilusión de esta carta desde mi corazón.

No sabes cuánto amor te llevas en unas palabras y cuánto queda por escribir en sobre y sello con sino sin sentido.

Me despido, como sólo se puede hacer, con un beso en mis labios y los brazos al aire aún con un ápice de esperanza.

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