Tierra de nadie

Tierra de nadie exenta de oxígeno, se destapa ante mirada fría de lo inoportuno, cabalgando sobre la huida de una sirena que desciende a los océanos de la paz interior.

Nada ni nadie gobierna timón y las voces hablan desde la ultratumba de su guarida, ya son eco de pasado inocuo.

Tierra de nadie navega sobre las páginas de las réplicas, índice decisión pasa las páginas a un presente aburrido y sin ilusión.

Nada entiende la confusa razón de ver surcar mares con arrogancia, sin apenas saber nadar, dejarse devorar por las mismas sílabas leídas en papel herido de tanto uso y desgaste.

Tierra de nadie, se hunde bajo la lava de vómitos de dudas, quema tanto que Epopeya se transforma en el paraíso de un glacial, ahora perdido.

Con derecho se cree el mundo para tomar el control sobre negra piel, como si todo el mundo tuviera precio y pavor.

No aprendemos que nadie es dueño de nadie, nada nació para ser propiedad de nada, nada es de nada, y nada es esonada.

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