La llegada

Cuando pierdes el horizonte del amor, corazón se rodea de miles de chalecos antibalas …, no te despiertas con la ilusión del nuevo día y te acostumbras a la agenda de cada día … giras instante.

Cuando sientes tu piel quemada por el fuego de dragones rotos, calmas tu sed con la lluvia … cada ideal se suicida por el acantilado de la estupidez, sigues caminando con cabeza alta aunque la suya se gire.

Entonces, miras al espejo y ves lo imbécil que pudiste llegar a ser, es hora de virar camino, mirar más allá de este planeta donde besos sean apreciados con el amor de una madre.

Buscas estrellas y lunas, cantas canción al oído, besando el tímpano de moratoria y acariciando la tersura de voces escondidas.

Es cuando … te haces inquebrantable y los susurros ya no hablan con el tiempo y el tiempo no dispone de reloj y el reloj agota cuerda y la cuerda se ajusta a tu cuello y por fin te lanzas a ese lejano horizonte y las balas matan desilusión, el cielo nublado ciega luz opaca … susurros y tu luz se enciende. Y la noche llega y sabes qué … sigue brillando.

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