El día después

Ya no existe rastro del viento, se ha perdido tras la última arca del cielo, han volatizado aquella imágen y cicatrizado Dios mío en cada boca.

Han esfumado cada pixel de color, censurado imagen para no causar dolor, y girar cara al televisor.

Ha marchado la esencia de libertad, escondido tras la valla del egoísmo, justificando etiqueta colgada de un hilo en el humo de la dependencia, como si una sola bocanada fuera la lucha de los 60.

Vuelan todos juntos en el avión de la apariencia, todo está bien, los cadáveres guardados, los gestos cuidados y el tiempo borrando.

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