La llamada

Amanece el ocaso entre los rayos del pasado, caen las alas bajo el calor de la mañana. Mi cuerpo desnudo se agazapa tras el último sueño y deja acariciar las sábanas de los tiempos. Amanece de nuevo, no hay ojos en el cielo, las estrellas ocultas tras el sol tintinean en aquel cobijo. Y no entiendo nada de nada. El mundo al revés y yo bocabajo haciendo equilibrios con desparpajo. Me aburro amor mío, aunque sé que desde el pozo donde mora recuerdo es imposible sobrevivir al Infierno. Así que no tomes a mal que te diga, que te vayas al carajo, con el ocaso, con el amanecer y tus retrasos. Que vueles donde el cielo te espere y que encuentres en tu destino mejor amor e inmortal decisión. La mía se muere cada amanecer un poco más y ya no espera más que conseguir respirar el abismo de una nueva montaña entre los brazos del camino. No lo tomes a mal, nunca gustó espera, así reinvento cada día un motivo para respirar, dejo el latido reposar en las prisas de este entender y oigo la llamada del alma.

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