La historia de amor entre ser y viento

Debieron apagar luces antes de comenzar a volar y correr sobre la calima de la distancia para así dar traspiés al pasado inexistente.

Danzar con equilibrio el sentir de la melodía ahogada en el tambor del querer ser sin sentir existir.

Agarrar las estrellas y tatuarlas en su alma como perpetua condena de silabas muertas.

Sin duda, debieron, pero en lugar de eso optaron por huir y hacer caso a las sigilosas sílabas que danzaban alrededor.

Marionetas de sentimientos, cortas de miramiento, retorcidas réplicas de un río que siempre acaba en el mar habiendo miles de sitios en el camino donde desembocar.

Sin rumbo abanican la corriente en contra que decrece en cuanto compite con desdén por ascender ausente premisa.

No entendieron sarcasmo poético que se come la vida igual que un niño un moco aún repleto de partículas vivientes.

Los recatados no comprenden ironía, aunque escribas significado en el reverso de cada emoción y te empeñes en que la luz de cada estrella emergen en contestación borrada.

Adiós y mil gracias, ha sido un placer rotundo y efímero de nunca llegar a conocer cómo susurran los cielos en una noche de Otoño bajo las hojas cayendo y el frío interrumpiendo.

P.D. Viento, lo nuestro es imposible, el huracán ocupa mi corazón, y hay mucho que nunca entenderás en una sola voz.

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